Este bizcocho es un clásico indispensable. Es esponjoso, suave y fácil de hacer. Puedes usar el molde que quieras, yo he puesto el ejemplo con el clásico molde redondo que suele dar forma a las tartas tradicionales, pero la forma final de tu receta solo tiene los límites de tu imaginación! Una vez hayas hecho el bizcocho, puedes usarlo tal cual aunque muchas veces queda mejor si lo emborrachas con algún jarabe, algo que ya veremos en próximas recetas. De momento, el básico, ¡bizcocho esponja!
- 3 o 4 huevos (dependiendo del tamaño)
- 125 gramos de azúcar blanco
- 100 gramos de harina de trigo
- 1 cucharada de levadura en polvo
- 1 cucharadita de aroma o extracto de vainilla
PROCESO:
Lo primero, poner el horno a precalentar a unos 160º. Es un bizcocho que necesita de un horneado lento para subir sin quemarse.
A continuación, pon en un bol los huevos y el azúcar y bátelos con varillas hasta que se cree una espuma blanca, como una mouse. Si pones el bol sobre un cazo con agua hirviendo los huevos tomarán temperatura y montarán mejor. Éste es el aspecto que buscamos:
A continuación, mezcla la levadura con la harina y tamízalas sobre los huevos con el azúcar. Después, añade la vainilla y mezcla con una lengua de forma circular y suave, incorporando la harina y no batiendo, pues la clave está en conservar el aire que le dimos a nuestra masa con las varillas. Introduce la lengua por un lado del bol, y arrastra la masa levantándola, por encima del resto, y repite este gesto girando el bol hasta que la harina se haya incorporado por completo.
Cuando tenemos la masa preparada, elegimos nuestro bol y lo engrasamos con mantequilla derretida o con un poco de aceite. A continuación vertemos la mezcla y damos unos golpecitos a la mesa con el molde, para que la masa se extienda bien y cubra toda la superficie del molde, quedando lisa.
Ya simplemente nos queda introducir el molde con la masa en el horno y dejar que se cocine durante 25 minutos o hasta que veamos que el bizcocho está listo, ha crecido y se ha dorado un poco, pero ¡no mucho!
Lo dejamos enfriar, y lo extraemos del molde, quedará precioso y esponjoso:
Y ya simplemente, lo usamos para lo que queramos! En mi caso, hice una tarta, para lo que dividí el bizcocho en diferentes capas que luego poder rellenar. Recuerda, la clave de esta receta está en el montado de los huevos y en conservar ese aire al incorporar la harina. Que la disfrutéis!!
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